27.3.18

Una segunda juventud

Pude dar con un grupo de compañeros de trabajo con un nuevo grupo de jugadores de rol. Sólo uno de ellos había jugado antes, y me permitía desempolvar mis habilidades sin que se dieran cuenta de mi nivel de oxidación. De todas maneras, esto es como ir en bicicleta. Jugar con adolescentes está bien, sobre todo si eres uno de ellos, pero jugar con iguales es lo mejor. Por eso disfruté como un niño otra vez de esas horas jugando a Star Wars D6, aunque siguiera sin controlar el reglamento del todo. El subidón me duró varios días, y no podía estar más que terriblemente agradecido a ellos por darme esa oportunidad de conectar de nuevo con algo que me gusta tanto. Que quizá para ellos era una quedada más, no lo sé, pero para mí era una conexión muy especial que necesitaba desde hacía mucho tiempo.
Así que cuando se canceló la siguiente partida por cuestiones meramente puntuales (Pascua y viajes de la gente, lo normal. Al fin y al cabo, ¿qué es lo más difícil de jugar a rol? Reunir a cinco personas en torno a una mesa) me sentí terriblemente decepcionado y me di cuenta de que había estado esperando ese viernes desde hacía semanas como quien espera que llueva para salvar una cosecha, o como quien espera al Salvador. Espero que podamos mantener una regularidad, porque de veras necesito esto. Me da la vida.

30.1.18

Estoy triste. No me apetece hacer nada. Ni hablar con nadie, ni preparar nada ni corregir nada. Me da todo igual. Me aburro en el trabajo, no me inspira, no me motiva. Voy con el piloto automático puesto. La mayoría de grupos, a los que no les interesa en absoluto lo que les cuento, no hacen más que desmotivarme aún más.

No quiero hablar con nadie. Se me niega la atención y el cariño. Todo está muy lejos. Cada vez más lejos. Sólo compromisos y responsabilidades y deudas. Nada a lo que agarrarse para seguir un día más. Simplemente sobreviviendo.

A ella "no le salen" los besos. Ni los mimos, ni las atenciones. Ni el interés por mí. Me siento un gilipollas. ¿Nadie puede mirarme con deseo sin estar a 400 km de mí?

Quiero que me rescaten.

4.1.18

Objetivos del año

Decíamos hace un año:
· Publicar algún libro, cómic o páginaHe publicado varias páginas en la revista Cthulhu, una historieta en Deriva. Participé en el libro de Cómics Esenciales 2016 de JotDown, y dos más con mi autoría plena o parcial esperan ser editados en 2018. No está mal.
· Cuidar bien de mi hija. Creo que éste lo he podido cumplir.
· Atender a mis amistades (pendiente). Ha mejorado, porque he podido tener varias reuniones "de hombres", pero poco más.
· Bajar y seguir en torno a los 70kg. Nada. Imposible con las rutinas de comer que tengo.
· Ser feliz. Ni de coña.

Objetivos de 2017:

· Dejar el tema académico. Centrarse en el cómic. Lo demás no tiene sentido. Publicar algo más de cómic.
· Cuidar bien de mi hija (renovable).
· Atender a mis amistades (pendiente).
· Bajar y seguir en torno a los 70kg (por pedir).
· Ser feliz (psss).

3.10.17

Hoy estoy especialmente triste. Y siempre es lo mismo: porque al parecer doy demasiadas vueltas a todo. Porque el darle tanta vueltas a las cosas amarga a los demás. Y seguramente es así, joder, pero, ¿acaso eso puede cambiar? ¿Puedo dejar de ser así? ¿Es parte de mí, puede trabajarse? Por otro lado, me lo dice una persona a la que cada vez importo menos, que me lo dice porque ha decidido hacer con su vida lo que quiera, en un plan en el que no figuro. Un plan, al parecer, sencillo, sin trabas, donde todo es fácil, y genial, y por mi propia dinámica estoy vetado a entrar. Me planteo entonces si realmente soy un elemento tóxico o qué ocurre, hasta qué punto tiene razón cada uno, si vale la pena darle más vueltas al asunto (siempre estás dándole vueltas) o lamentarse (eres un llorica, siempre autocompadeciéndote), o qué coño se supone qué he de hacer (siempre te han de decir lo que tienes que hacer, no tienes sangre en las venas). A la mierda con todo. Todo me da asco, todo me asquea, no soporto el trabajo, voy cumpliendo, trabajo a mínimos, porque no me interesa, no me interesa, me quitaron la fuente de ingresos del blog, y ahora es triste comprobar como entran a leer nuestras nuevas entradas un 0,005% de los seguidores de twitter (no es un decir, es una aproximación real). Nada de lo que hacemos tiene sentido, todo es un gran sin sentido, para qué escribir, para qué hacer reseñas si no interesan a nadie, nadie las lee, a nadie le interesan, para qué molestarse en nada. Todo me da asco, nada tiene solución, no la veo en ningún sitio, no puedo seguir. A lo único que aspiro es abrazar a mi hija, a masturbarme todo el mundo duerme y a beberme una cerveza para cenar. El darle tanta vueltas a las cosas amarga a los demás. ¿Por qué no te limitas a tu vida, por qué he de ser responsable de que te amargue a ti lo que yo pienso si ya me basta con mi puta vida de mierda? ¿Por qué debería ser injusto que te tenga rabia por la situación en que estamos, si verdaderamente te la tengo? ¿Por qué tiene que ser injusto que te tenga rabia porque te acuestas con uno u otro excepto conmigo? Quisiera romper con todo, quisiera que el fin llegara rápida y silenciosamente, sin darme tiempo a reaccionar. Mi último pensamiento sería para vosotras, y luego el silencio definitivo. Dejaría de darle vueltas a todo.

17.7.17

Who could see beyond this my darkness

Mis pensamientos oscuros persisten. Sigo asomando por las redes y cada vez me da más asco todo, cómo todos competimos por llamar más la atención del modo que sea: ya subiendo un video, un selfie, una disquisición, montando un hilo sobre cualquier cosa, discutiendo con cualquier desconocido, esperando siempre la retroalimentación, el abrazo desde el otro lado de la pantalla. Y me siento terriblemente viejo en todo ello. Un tío que ya se acerca a los cuarenta, mediocre, sin mucho que ofrecer. Estoy perdido, no intereso, y sin embargo sigo buscando esa atención de los demás, es patético. Mi impresión es que no valgo para nada, como profesor dejo que desear, pero como escritor mucho más. Realmente apenas he escrito nada, al menos que valga la pena, y toda la reseña, toda la crítica que hago, es lanzar una gota de agua al mar. Miles que hacen lo mismo que yo, posiblemente mejor (o no), pero al menos con más visibilidad. ¿A quién le interesan mis opiniones, si ni siquiera mi pareja lee lo que escribo? 
Todo hace aguas; mi talento, mi vida personal, mis relaciones. Esforzarse en el mundo académico, para qué. Ya perdí ese tren, y no obstante algunos aún me meten en la categoría de "joven investigador", ¡pero si le doblo la edad a los recién graduados!, y ni una grieta por la que acceder a algo más.
Sigo buscando que esa chica se fije en mí. Esa o la otra, da igual, es genérico. Pero mi fracaso en este sentido no hace más que reafirmarme más en lo patético que resulto. Perdiendo el tiempo en redes sociales, pensando, siempre ingenuamente, que alguien contestará. Y ahora escribiendo esto. Vamos, tío, si precisamente estás pensando en dejar de seguir a una persona que todo el tiempo está escribiendo algo así en público porque piensas que vale ya, y tú estás haciendo lo mismo, ¿no te das cuenta de lo estúpido que resulta?
Me siento viejo y cansado. Ya no tengo veinte años. Joder, ni siquiera treinta. ¿Qué he conseguido? Un trabajo estable, sí, pero degradándose a cada año. Y una niña preciosa. Eso es lo único. Lo demás es todo vanidad de vanidades. Y gente a mi alrededor a la que odio o envidio.
Quisiera ser algo, o alguien. Y no me lo quito de la cabeza. A veces sólo quisiera naufragar entre las piernas de esa chica a la que reclamo una atención que no me podrá dar. Y olvidarme de todo durante un momento. Quizá en el fondo todo esto es sólo por la insatisfacción del deseo sexual. ¿Todo se reduce a eso? Sexo y muerte. No me llevaré nada a la tumba. Cuando muera seré olvidado en un instante, a pesar de que lo que más quisiera es ser recordado. ¿Por qué esa obsesión? ¿Qué es lo que no me dieron de pequeño para querer tanta atención? Sentirse deseado, querido, admirado, respetado. Cuando ni uno mismo lo hace.
Hoy todo me da mucho asco. El éxito de los demás, su soberbia, su falsa modestia, su éxito legítimo, todo, me asquea. Yo sólo querría tenerte en mi cama. Ser libre de ataduras. Querría poder escribir y vivir de lo que escribo, y no avergonzarme de si es bueno o malo.

(Por favor, ideas, preguntas, comentarios, sugerencias, ánimos, proposiciones y amenazas a mi CuriousCat o Ask.fm. Rescatadme, por favor)

12.4.17

A veces me desvelo en la madrugada y el cerebro se me pone a dar vueltas. Empiezo a pensar en mil cosas y ya me es imposible conciliar el sueño. Mi problema: nunca he tenido claras mis prioridades. Siempre he querido abarcarlo todo, y cuando digo todo es TODO. Lo quiero todo, y siento que mi vida resbala por una pendiente cada vez más rápida mientras no puedo agarrarme a NADA. Tengo demasiados intereses, todo me atrae, me gustaría poderle dedicar tiempo a todo. Y no puede ser. Además, en esta sociedad donde todo lo tienes al alcance de la mano es más frustrante aún.
Me tumbo en la cama y miro al techo durante horas incapacitado por la duda. Me gustaría escribir más, seguir con los guiones, y con todas las ideas para novelas que me rondan la cabeza. Ese fanfic susceptible de ser un buen relato corto, o esa novela comenzada en watpad, o ese poemario (el único que creo que escriba, ahora lo tengo claro). O seguir con esas antologías para el cole, que van muy bien. ¿Y ese proyecto de unir actividades de taller literario para fomentar la escritura y la creatividad? Me gustaría ver más a los amigos, jugar más a rol (me estoy haciendo casi coleccionista compulsivo de material antiguo, sin ni siquiera tener la oportunidad de poder jugarlo, la verdadera función para lo que se hicieron esos libros), leer más. Tengo decenas y decenas y decenas de libros en la biblioteca por leer, compras compulsivas que se me acumulan. Doy una vuelta por la biblioteca (mi biblioteca), y en cada librería, en cada estante, encuentro un libro que me apetecería empezar hoy mismo... si no fuera porque tengo empezados como mínimo cinco, además de la pila de medio metro de cómics y libros pendientes de reseñar. Pero como decía, en esta sociedad de la abundancia, he sobrepasado hace años la cantidad de material que poseo y que no puedo consumir: miles de álbums de música, centenares de juegos en Steam, decenas de películas... Tiempo, lo que necesito no es dinero ya, sino tiempo. Me encanta escribir, pero también se ha convertido en una esclavitud. Tengo que ampliar el trabajo del máster para que se publique, tengo reseñas pendientes, tengo que escribir en el blog del grupo de investigación, tengo que redactar el capítulo de libro al que me comprometí... Y todo, ¿para qué? ¿Acaso tengo alguna posibilidad real de promoción en la universidad? Ninguna. Es más, la mayor parte del ambiente universitario me da asco, con gente que sólo pierde el culo por escribir en revistas de impacto o conseguir una beca para no sé qué oscuro fin... Y algunos paseando, además, su pedigrí universitario, mirando casi con desprecio a los que no somos de su mundillo. Reconozco que soy un currito, soy un soldado de infantería, estoy en las trincheras de la secundaria, luchando contra un enemigo imposible, haciendo un trabajo silencioso que nunca será reconocido, sembrando las bases para que luego tú puedas cagarte en esos alumnos que llegan a la facultad sin apenas conocimientos de nada. ¿Qué quiero hacer realmente? ¿Por qué me meto en tantos fregados? ¿Qué quiero ser, quién quiero ser? Y no lo sé. Me gustaría ser un escritor, pero también me gustaría ser un crítico de verdad, me gustaría ser poeta, me gustaría poder dibujar bien, tocar el bajo o el piano, poder mantener el canal de youtube, poder dedicarme a la ludificación, poder escribir de lo que quisiera con el tiempo que quisiera, no tener que preocuparme por la hipoteca de cada mes... Pero sé que hay más. Sé que no quiero ser un don nadie, que quiero que se me reconozca, quiero que la gente sepa quién soy, y asienta con la cabeza con admiración. A veces me pregunto si tan sólo soy un farsante, un impostor, alguien que simplemente ha tenido suerte de estar donde está, porque realmente no ha hecho suficientes méritos. Me corroe el miedo de ser alguien simplemente regular, mediocre, el pensar que he fracasado en todos mis sueños y realmente no valgo ni siquiera en lo que más me gusta, que hay mil personas que hacen lo mismo que yo mucho mejor. Y no me vale hacer sólo una cosa, concentrarme, por ejemplo, en mis cómics. Me aburro, quiero más. No puedo hacer una sola cosa. A lo largo de todos estos años he escrito en decenas de blog, pero con todo nunca he hecho nada de importancia. Soy sólo un gilipollas de provincias, con una pequeña tribuna desde la que soltar sus rollos mediocres que cuatro tontos que pasaban por casualidad se detienen un momento a escuchar. No he tenido padrinos ni padres con carrera ni me he podido permitir años sabáticos ni he sido premio a la excelencia ni me he doctorado con honores ni me han llamado para ser jurado ni mi puta madre. Me estiro y me estiro porque quiero llegar a todo a la vez y es muy frustrante porque sé que no lo conseguiré y sin embargo sigo probándolo porque si no lo hiciera, no sería yo. Empiezo cosas, no acabo nada. Delego responsabilidades, soy el de las ideas pero no el de hacerlas; uno de mis sueños recurrentes es que me desdoblo como el Dr. Manhattan o tengo a mi cargo una legión de clones que están conectados conmigo en una especie de pensamiento colmena que me permiten hacer todo lo que quiero hacer y ser todo lo que quiero ser por fin.
Soy un auténtico caos y hace falta ser masoquista y gilipollas para convivir conmigo. De las cosas importantes de la vida, de las auténticas responsabilidades, nadie me enseñó. Y así he salido. Sólo se me dar bien vivir en mi propio mundo atendiendo a mis intereses. Y ni siquiera estos soy capaz de atender propiamente. Soy una nova que explota, soy Reed Richards pero sin doctorado. El tiempo me esclaviza y me hunde. Tendría que salir a hacer más ejercicio (ir a caminar, no más), me encantaría poder aprender a pintar en acuarela o a tocar una, dos piezas de Chopin. Ese proyecto de dark ambient con algún amigo estaría bien. Un cortometraje de muñecos como en los viejos tiempos. ¿Y esa idea de negocio que tenía, en la que tendría que reclutar al menos a un par de socios? ¿Y todos los discos interesantes que me quedan por revisar en lo que va de año? Y me pensaba hace un tiempo, tonto de mí, que sabía algo de black metal, o del género que sea. ¿Y todas las pelis que tengo en cola para ver, y poder escribir sobre ellas? ¿No sería genial poder recopilar en un libro los mejores textos de divulgación que he escrito en los últimos... no sé, diez años? Porque llevo 16 años de blogs. Casi podría tener un hijo adolescente. Tengo 38, estoy a punto de meterme en los cuarenta, ¿y qué he conseguido? ¿Una sección de media página en un diario local? ¿Una wii pirata que uso una vez al año, y éste me he olvidado? Me termino aferrando a las listas de lo que hago (ut infra diximus) para demostrarme a mí mismo que mi tiempo es invertido en algo. Pero luego lo pones en perspectiva, y piensas, ¿en la hora final, de qué habrá servido todo esto? ¿qué estoy haciendo? Cada semana durante los cinco días lectivos hago ver que tengo las respuestas, pero la realidad es que no sé nada, no tengo nada, no soy nada.

Suena: Katatonia - Rainroom.

(Por favor, ideas, preguntas, comentarios, sugerencias y amenazas a mi CuriousCat o Ask.fm. Rescatadme, por favor)

13.1.17

Vivo en una especie de limbo perpetuo, en una situación de tránsito que se eterniza, como si me hubiera quedado a vivir en la terminal de un aeropuerto. Constantemente me impulsan sentimientos contradictorios, impulsos contrarios, que oscilan entre la reinvindicar una necesidad, y arrastrarme, y llorar y suplicar, y romper con todo, gritar, dar un portazo, marcharme y no volver. Todo el tiempo. No tengo ganas de nada, el trabajo me asquea, y ni siquiera aquello que me daba un propósito en él me llena ya, lo veo como una obligación. El tedio me incapacita. No me apetece ver a nadie, ni a amigos, ni mucho menos a familiares. Orbito entre las ganas de tener sexo y las de alejarme de todo impulso sexual, de hacer vida de ermitaño. Me gustaría meterme en un bunker subterráneo y no salir. Me gustaría poder quedarme en la cama a leer indefinidamente, o en el sofá debajo de una manta viendo películas rancias. No tengo ganas de salir, me cuesta mantener la sonrisa ante la típica conversación casual en el trabajo, fingir que todo va como siempre. Y se me hace todo muy difícil. La única cosa que me motiva es ver crecer a mi pequeña pitufa: hablar con ella, hacerla reír y jugar juntos es la única constante positiva en mi vida. Con lo demás no puedo. Recuerdo a menuda una frase que me quedó grabada de la serie Fear The Walking Dead, cuando Madison le cuenta a su hija que su padre no tuvo un accidente, sino que se suicidó dejando una nota que decía: "I love you all. But enough is enough". Puedo entender ese pensamiento.
Muchas veces fantaseo con que abro una compuerta secreta en un armario de casa que me lleva a un pliegue temporal, a un espacio infinito donde no transcurre el tiempo exterior y donde puedo refugiarme, leer, escribir, dormir, follar, estar solo. Y al volver, no ha transcurrido apenas un segundo. Es una de las fantasías con las que me acuno antes de dormir. No sé si es un rasgo infantiloide, pero encuentro cierto alivio en esos pensamientos.
No sé qué hacer, ni qué pensar. Estoy en un bucle de mierda y no puedo salir, y me siento triste, y no me apetece nada. Ni siquiera una buena noticia como el embarazo de mi hermana me sacó la alegría que algo así debería inspirarme; no, recibí la noticia casi como quien oye llover, pero no porque no me alegre, sino porque no siento nada, me siento vacío, me siento muerto, no puedo reaccionar a nada. Me da igual todo, sólo quiero que la inconsciencia se abata sobre mí y me haga olvidar todo este dolor. 

Suena: Earth - Land of Some Other Order

Una segunda juventud

Pude dar con un grupo de compañeros de trabajo con un nuevo grupo de jugadores de rol. Sólo uno de ellos había jugado antes, y me permitía ...