31.12.10

Objetivos del año (interludio)

Decíamos en enero...
 · Avanzar, dejar listo o incluso publicar EJL3. Si todo va bien, EJL3 se publicará este 2011 antes del Saló de Barcelona.
 
· Acometer de verdad el segundo punto del año anterior, llevando una disciplina más férrea o esforzando mi constancia. Durante el verano sí que pude hacer algo más por este punto, pero durante el año, con el trabajo, el tener que escribir cada semana para el periódico, guionizar EJL, pensar en otros proyectos, mantener los blogs... Apenas he podido tener algún resultado neto. Lo seguiré probando este año.

· Quedar más frecuentemente con mis amigos. Esto queda como algo pendiente...
 
· Leer más. A pesar de que durante todo el año no me he prodigado mucho, en verano sí que pude disfrutar de un tiempo de lectura intensivo que me fue muy provechoso: conseguí bajar la pila de lecturas pendientes de forma considerable. Este año intentaré hacer lo mismo.
 
· ¡Hacer algo de ejercicio, joder! Esta también queda como tarea pendiente, porque no he sido capaz de hacer nada de ejercicio.

Objetivos para 2011:
· Sacar a la luz algún otro proyecto literario o de cómic, en solitario o con otros creadores.
· Ampliar mis horizontes profesionales y académicos.
· Cuidar bien de mi pareja.
· Atender a mis amistades. 
· ¡Hacer algo de ejercicio, joder!


Suena: Finntroll - Tiden Utan Tid.

11.10.10

El último vuelo del Fénix Negro (VIII)

A veces internet te da sorpresas. Uno nunca puede decir "de esta agua no beberé", está claro. Conocí a R. en el lugar más equívoco que podría darse. Y parecía imposible, pero entonces, como la luz del amanecer que uno no espera ya ver, algo se iluminó en nosotros.
R. era joven y bella, inteligente y sensible. Con un corazón enorme, la templanza, la paciencia y la capacidad de sacrificio que sólo pueden tener las personas buenas. Nuestra relación fue breve, de apenas unos meses, pero intensa, y la quise como sólo se quiere a esas personas especiales que uno se encuentra en el camino muy de cuando en cuando.
Siempre recordaré la única ocasión en que nos vimos. Recordaré esa llegada a un aeropuerto extraño, su figura esperando temerosa, sus hermosos dientes y sus hoyuelos al sonreír. Sus manos pequeñitas, su cuerpecito tembloroso, la triste despedida poco después en aquel mismo aeropuerto que me llevaba de vuelta a esta isla. Recordaré siempre los días que pasamos juntos y como nos besamos, nos besamos, y nos besamos.

Y sin embargo, ella parecía saber ya en ese momento que ésa sería la única ocasión en la que nos veríamos. Tenía razón.

Pero siempre mantendré lo que le dije.

No podía ser todo tan bonito, y, de hecho, no fueron nuestras desavenencias lo que nos separó. Fue algo superior, y por ello, en mí siempre, siempre, siempre quedará el desprecio (y hasta el odio, creo) por aquellas personas que la apartaron de mi lado.


Suena: Marissa Nadler - Rosary.

16.3.10

El último vuelo del Fénix Negro (VII)

De las relaciones sentimentales más o menos estables que he tenido, la que tuve con Ll. es la única en la que he podido tener un reencuentro cordial transcurrido el tiempo. Fue algo breve, hermoso e indefinido. Ll. fue lo único que me aportó Orkut, la protored social que Google adquirió hace tiempo y que fue un fracaso, pero cuyo devenir quizá abrió la puerta a éxitos como Facebook (ahora Orkut está abandonado como un barco que fue abordado por piratas y quedó a la deriva en un mar sin mareas). Allí la conocí y una cosa llevó a la otra. Recuerdo una conversación muy larga que tuvimos por teléfono, cuando tuvo que ir al médico de urgencias y no tenía nadie que la acompañara. Me encantaba su catalán con acento de Castelló, ese valenciano tan dulce y lleno de castellanismos. Ll. era toda júbilo y vitalidad, me reía muchísimo con ella. Ahora vuelvo a recordar esos viajes y me viene a la mente la timidez con la que nos vimos en el aeropuerto, la conversación nerviosa en el tren y en el metro, el titubeo a la hora de irnos a dormir en la minúscula cama de su piso. Pero lo que más recuerdo de ella es su eterna sonrisa, una sonrisa que me hechizaba por su persistencia. A veces le preguntaba por qué me sonreía tanto; ella no sabía la respuesta. Quizá era que, simplemente, era feliz. Me quiso regalar un dibujo que hizo, pero no lo acepté, pensé que era demasiado bonito como para quedármlo. En cambio, le pedí una foto que tenía en su habitación; en esa foto no podía tener más de dieciséis años, pero estaba preciosa. Aún la guardo en alguna parte. Ella se quedó con mi camiseta de Silver Surfer y a veces me decía que aún conservaba el olor que le recordaba a mí.
Con Ll. sospecho que no supimos amarnos a tiempo; ella estuvo enamorada de mí, pero cuando yo me di cuenta, ella ya no sentía lo mismo por mí. La última visita que le hice fue bastante fría, y el fin de nuestra relación fue algo abrupto y frustrante, porque simplemente cesó. Tuve tiempo para pensar qué había pasado, y llegué a esa conclusión: un lamentable caso de desincronización. Pero de ella -y de ello- ya hablé al principio de este blog en alguna ocasión, no es cuestión de repetirme.
Volví a ver a Ll. este verano. Estaba de paso por la isla y quedamos para tomar un café. Los dos, desde la perspectiva que da el tiempo, ambos con una nueva pareja, pudimos hablar sin rencores, sin recriminaciones. Había viajado, había madurado, estaba muy guapa. Fue bonito reencontrarnos así y poder hablar con tranquilidad y con buenos sentimientos de lo que ya es un capítulo cerrado de nuestra vida. Y brindar por aquellos días, the
beautiful bygone years.

Suena: Joan Manuel Serrat - Mediterráneo.

17.2.10

El último vuelo del Fénix Negro (VI)

Conocí a L. de la forma más accidental posible: en unas páginas de internet que nunca deberían haber existido. Como a otras chicas, la agregué para hablar con ella y poder entender aquello que para mí no era entendible, pero poco a poco algo cambió. Ella era distinta a las demás. Era una persona inteligente -no entendí nunca cómo había llegado a tener ese problema-, sensible, atractiva. Esas noches delante del monitor se alargaron cada vez más y más... Hasta que ya no hubo remedio. No me importó engañar a M. para verla: llegué a Madrid un día antes de lo previsto para estar con ella. Esa sensación de clandestinidad fue lo que me dio la vida en esos últimos meses en los que mi relación con M. agonizaba. [Todo aquello lo literaturicé en su momento (y con resultados que, más o menos, aún me satisfacen, cosa harto difícil) en otro blog del que nunca sabréis su dirección]. Pero, a pesar de que lo que compartí con L., de esa conexión profunda que teníamos en ciertos aspectos, era evidente que no estábamos hechos el uno para el otro. Poco después me comentó que había conocido a alguien en las fiestas de Málaga, sin acaso saber lo que yo había llegado a sentir por ella. Desde entonces ha ido apareciendo y desapareciendo de mi vida. Lo mejor de toda esa tormentosa relación, creo yo, fue esa noche en que fue mía, esa noche en que, por un breve espacio de tiempo, pude disfrutar aquel cuerpo sacado de un lienzo de Bouguereau, sólo para mí esa noche, y no del cornudo de su novio, que se tragaba dos películas en sesión contínua mientras nosotros hacíamos el amor por primera y última vez.

Suena: Stone Circle - Crystal Burial.

7.1.10

El último vuelo del Fénix Negro (V)

Terminaba tercero de BUP, íbamos a empezar COU. No sé ni cómo fue: empezamos a hablar en los descansos de las clases, en los patios. Hacía tres años que compartíamos aula, pero nunca me había fijado en ella, no al menos de esa manera. Además, ella le gustaba a C., y yo no le podía hacer eso a mi amigo. M. y yo éramos muy parecidos en el carácter, en la forma de entender la vida, en los gustos refinados. Ella era bajita, el pelo castaño y rizado, la risa delicada; culta, inteligente, jovial, tocaba el piano (otra Euterpe para mi lista)... No me di cuenta y ya me había enamorado de ella. Pero claro, había traicionado a C. Tuve un encontronazo con él en la puerta de mi casa: en una escena bastante melodramática, me advirtió muy seriamente (pensé por un momento que íbamos a pelearnos) de que la cuidara o su ira me arrasaría.
M. fue la primera chica que correspondió mi amor. Ese primer gran amor que crees que durará toda la vida, esa persona que crees que te complementa a la perfección, y que es el horizonte de todas tus expectativas.
El problema es que, para que eso funcione, el horizonte de expectativas debe ser común, y, con el tiempo, me di cuenta de que M. y yo no lo compartíamos. A la mitad de nuestra relación ella se marchó a estudiar fuera y eso fue lo que condenó nuestro destino. A saber qué vivió ella durante esos cuatro años, a quién conoció, a quién besó, qué maravillas vio en la gran capital que la convencieron de que esta isla no era suficientemente grande para ella. Me da igual, ya no lo quiero saber. Yo sellé nuestro destino cuando ya todo se iba al traste -estoy convencido de que ella ya lo había decidido antes- engañándola en una aventura que tampoco llevó a ninguna parte.

Estuve con M. más de siete años, y al final ella voló porque quería ser libre, porque su destino no estaba en este terruño. La quise como no había querido a nadie. Y sin embargo, cada vez que pienso en aquello no puedo evitar sentir un resentimiento tibio e hiriente.

Suena: Gwynbleidd - Canvas for departure.

2.1.10

Objetivos del año (interludio)

Decíamos en enero...

· Acometer de verdad el primer punto del año anterior [Abrir el mercado internacional para EJL. Sacar el segundo tomo a lo largo del año]. Objetivo conseguido: se ha publicado en inglés y ahora estamos persiguiendo dos posibles traducciones más. El segundo tomo apareció este verano.

· Conseguir echar a andar algún otro proyecto con cuerpo. Necesita mejorar. La verdad es que no he sido capaz de concentrarme lo suficiente en algunas ideas que tengo y a las que no soy capaz de dar cuerpo.

· Hacer algo de ejercicio, joder. Necesita mejorar. Aunque en cierto sentido, esto ha mejorado.

· Convencerme a mí mismo de disfrutar más de las amistades. Esto creo que sigue siendo una de mis asignaturas pendientes. Creo que tengo a mis amigos un poco abandonados.

· Darme cuenta, como he hecho este año, de cuándo estoy bien, y dar gracias por ello. Esto sí lo he hecho, y bastante conscientemente.

Objetivos para 2010:
· Avanzar, dejar listo o incluso publicar EJL3.
· Acometer de verdad el segundo punto del año anterior, llevando una disciplina más férrea o esforzando mi constancia.
· Quedar más frecuentemente con mis amigos.
· Leer más.
· ¡Hacer algo de ejercicio, joder!

23.12.09

El último vuelo del Fénix Negro (IV)

Una vez volviendo del instituto a casa, le comenté a un amigo que V. me recordaba a mi madre. No sé por qué lo dije; V. realmente no se parecía a mi madre. De hecho, fue otra de esas chicas de las que me enamoré y no podría decir por qué: no era especialmente guapa, ni tenía un cuerpo que llamase la atención, y sus hábitos de ocio no coincidían prácticamente en nada con los míos. Pero sí, me enamoré, y ella también lo supo, e incluso le hice algún poema también, pero eso no fue óbice para que el resultado fuera distinto a los anteriores. Una de las razones por las que seguí en el grupo de catequesis de confirmación fue ella. Era alegre, divertida, e incluso alguna vez llegó a venir a mi casa con una amiga para pasar el rato y hablar (algo que me sorprendió bastante, todo hay que decirlo). Pero con V., con el tiempo, vi que no teníamos nada que ver, y de hecho me alegro de que fuera un nuevo rechazo para mi colección. Lo mejor estaba por venir.

22.12.09

El último vuelo del Fénix Negro (III)

Dicen que un clavo saca a otro, y puesto que S. nunca llegó a ser más que un amor platónico, al empezar bachillerato, y hacer borrón y cuenta nueva de todo lo que sabía, apareció N. Me pongo a pensar ahora qué me gustaría de ella, y no logro entenderme. Era rubia, torcía la boca con un particularísimo gesto de displicencia cuando algo no le gustaba; cuando quería -cuando quería- era muy agradable, y tocaba el piano, algo que tenía su misticismo (he acabado por intentar que las chicas a las que persiga no sepan de música, algún día quizá explique por qué). N., naturalmente, fue también impermeable a mis quebrantos, pero esta vez, quizá porque iba aprendiendo de mis fracasos, quizá porque era algo mayor que antes, le hice saber mis sentimientos. Eso sí, a mi manera, esto es, de forma ñoña y obsoleta. Recuerdo que le di unos poemas escritos a mano, que intentaron ser lo más francos y románticos posibles; recuerdo que también, para intentar conmoverla aún más, deslice unas gotas de agua por encima de la tinta, intentando hacerlas pasar por lágrimas. Evidentemente, la triquiñuela no resultó. Incluso llegué a decirle que era mi musa, a lo que no pudo más que troncharse en mi cara. Pero lo peor no fueron esos rechazos más o menos sonoros, sino más bien el síndrome que todos los despechados hemos vivido: el síndrome "¿por qué le gustará ese imbécil y no yo?". N. terminó por esos años saliendo con un chaval que estudiaba en el bloque contiguo al nuestro, el de FP, nuestros "enemigos naturales". No podía entender qué podía ver en un tío primario y simple como aquel, pero fue su decisión. Así que finalmente, mi mente voló hacia otros páramos...

20.12.09

El último vuelo del Fénix Negro (II)

Han pasado ya muchos años: me enamoré de S. (¿me enamoré realmente? Supongo que puedo decir que sí) y durante años silencié mi pasión. Son cosas que siempre se acaban sabiendo, y supongo que mis desvelos debieron llegar a sus oídos: algo que simplemente, supongo, intentó sobrellevar con resignación. Pero lo cierto es que esa chica delgaducha, algo mal educada, y de pelo corto, ocupó mis pensamientos hasta llegar a bachillerato. Me recuerdo a mí mismo rezando porque coincidiéramos un año más en clase, súplicas que, si bien fueron escuchadas varias veces, nunca llegué a aprovechar. Al fin y al cabo, yo era alguien gris, que pasaba completamente desapercibido: uno de esos chicos que estudian, no se meten en problemas, no hacen deporte, no llaman la atención. Así que todo quedó en eso: como la chica en la que pensaba mientras lentamente se deshojaban las últimas flores de mi educación primaria...

19.12.09

El último vuelo del Fénix Negro (I)

Se llamaba V., apenas recuerdo nada más de ella. Sé que estábamos en primero de EGB, que era castaña y tenía la piel pálida, pero nada más. Sé que se cambió de colegio y que nunca la volví a ver. Lo que más recuerdo de ella es un sueño en el que ella cantaba una canción inventada que incluía mi apellido, que es como todos me llamaban en aquel tiempo. Es más, no recuerdo tanto el sueño como a mí mismo recordando el sueño, de la mano de mi madre, yendo de compras, cerca de un gran mercado tradicional de Palma. La memoria arrasó esa bahía hace mucho tiempo.

18.12.09

El último vuelo del Fénix Negro (Prólogo)

Voy a dar por concluida, al menos hasta nueva orden, la singladura de Fénix Negro. Este blog ya no es necesario en mi vida, por lo que no tiene sentido proseguirlo. Antes de ello, no obstante, y azuzado por la lectura, fantástica lectura, de Libro del mal amor, voy a terminar el blog con una serie de posts literarios. A mi me corresponderá fabular, literaturizar, exagerar o deformar lo que realmente fue; al lector, discernir lo que fue de lo que nunca será.

Suena: Medicine - Wash Me Out

4.9.09

Evidencia

Si alguien aún pasa por aquí y se pregunta por qué no hay actualizaciones, es fácil. Porque soy feliz. Comprenderéis que todos salimos ganando en ello, incluso por el hecho de no tener que leer este blog.

Suena: Katatonia - Will I Arrive.

13.7.09

La última cicatriz

Después de años de miseria sentimental, cuando ya había llegado a un momento en que me sentía cómodo con mi situación, viviendo a mi aire, disfrutando de las posibilidades de una casa de soltero, con todo lo que ello implica, llegó, casi por sorpresa, aquello que ya ni esperaba. No sé a dónde irá, ni cuánto durará, pero me siento bien. Es raro sentirse así en ese aspecto después de tantos años solo. Claro que echaré de menos lo que viví en estos últimos meses...

Suena: In Mourning - Amnesia.

5.6.09

Vida en los libros

Nos llamaron porque había que vaciar la casa de Luis. No era plato de buen gusto para nosotros, especialmente para E., pero yo veía que era algo necesario: si no nos llevábamos todos los libros que pudiéramos, se perderían. La universidad no se hacía cargo de ellos (es una vergüenza infame que la facultad donde tantos años trabajó Luis no tuviera los santos cojones de poder acoger, no una biblioteca de saldo, sino el fondo de un profesor de universidad...) y los nuevos propietarios de la casa no querían nada de lo que hubiera dentro cuando entrasen.
Cuando llegamos y entramos en su biblioteca, confieso que me temblaron las piernas. Era una sensación muy extraña ir recogiendo los libros, pensando en cuánto le debió haber importado todo aquello a Luis. Emocionado, E. no pudo evitar echarse a llorar : Había encontrado el libro que le regaló tras su viaje a Istambul. Yo encontré el trabajo que M. y yo le hicimos hace diez años sobre Calvin y Hobbes y que fue el germen de tantas cosas. Cogimos todo lo que pudimos, primero selectivamente y luego ya sin mirar, cada vez más convencidos de que estábamos preservando algo mucho mayor que nosotros.
Al volver a casa y descargar todas las cajas y bolsas de libros, los fui revisando uno por uno, y un cúmulo de sensaciones me invadió. Tristeza, por todo lo que la situación implicaba; alegría, al volver sobre los recuerdos gratos de algunos libros, algunos autores; una mezcla de pena y nostalgia al constatar que algunos de aquellos mismos libros que él nos había traído en clase hace ahora unos siete años, estaban ahora ahí, entre mis manos (quién me lo habría dicho en ese momento...), y la sensación de tener en casa un pequeño tesoro. A medida que hacía pilas y pilas de libros, sin saber muy bien cómo los podría tener en casa, me sentía como un personaje de Paul Auster, tremendamente afortunado por poder ahora guardar el legado de Luis en forma de pasión impresa. Organizados por materias, había literatura hispanoamericana, un gran fondo de Rubén Darío (ediciones de los años 20 de sus obras), del que era experto; literatura italiana, literatura inglesa, clásicos de aventura, sección de espiritualidad, cómic y teoría del cómic... Toda una vida en libros.
Me asalta la idea de leer cada uno de ellos, hasta completar el total, a sabiendas de que, al haber leído lo que Luis, algo más de él quedaría en mí.

Suena: Manolo García - Una tarde de sol.

29.4.09

Cuando la suerte qu’es grela
fayando y fayando
te largue parao...
Cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol...

Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
La indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.

Verás que todo es mentira
verás que nada es amor
que al mundo nada le importa
Yira... Yira...

Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mí...
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar...


24.4.09

Al final llegó lo irremediable. E. y yo fuimos a Son Valentí a despedirnos de él, con un poso amargo en el alma por no habernos interesado por él en los últimos meses. Me sabe tan mal... Pero ya no puedo hacer nada; sé que él sabía cómo somos y lo que sentíamos por él y que no nos lo tuvo en cuenta. No quiso funeral, y en el velatorio, supongo que más por los que quedan aquí que por él, un sacerdote (de esa misma religión que... bueno, me callaré por respeto esta vez) hizo una breve ceremonia. Mientras oía de fondo la salmodia, yo hacía un repaso por lo que compartí con él. Desde la primera clase suya a la que asistí, en la que se burlaba de su propio nombre de telenovela, pasando por las tardes en su despacho, su sudadera de Calvin y Hobbes, las comidas en la universidad, las veces que fuimos a verle a casa, su humor, su extraordinaria capacidad como lector todoterreno... Como si fuera una película, fui rememorando todo lo que habíamos vivido con él en estos últimos diez años. Luego, una amiga leyó un poema, tal como él había dispuesto. Incluso en eso pensó, y no podía ser algo más suyo (lo tenéis en el Cisne). Fue un ejemplo de persona y un modelo en todo: en sus clases, en la manera de disfrutar de la vida, de luchar por ella. Un ejemplo en todo.

Nos dejó el día del libro, como no podía ser de otra manera. Se fue como los grandes. como Shakespeare, como Carpentier. Hoy los que estamos aquí nos quedamos un poco más solos, pero su ejemplo vive en nosotros, vive en mí, y quiero para mí y para los míos que su espíritu tenaz y generoso viva en nuestra memoria, pero sobre todo en nuestras obras. Porque Luis hizo de éste un mundo mejor del que se encontró, estoy absolutamente convencido.


Suena: Eluveitie - Omnos.

12.3.09

30 para los 30

· C, aunque nos pasemos la mayor parte del tiempo discutiendo.
· B, es un placer trabajar y crear con él.
· E, lobo solitario, que me demuestra que la amistad no entiende de distancias ni años.
· MM, mi primer amor y desengaño.
· J, poeta y compañero de trabajo ideal.
· A/M, otro enigmático paso en el camino.
· L, que se empeña en aparecer y desaparecer.
· P, compañera de fatigas universitaria y amiga en la distancia.
· MC, a la que echaré mucho de menos cuando se jubile.
· R, a la que le habría dado todo.
· JMA, el último romántico de la ciudad.
· JP, una de las únicas personas de mi carrera que demostró estar enamorada de la literatura.
· TF, por sus clases de literatura.
· T, viejo amigo y compañero, con el que he compartido tanto y tanto.
· MdC, porque sólo hay una.
· M, cuya amistad aprecio mucho y cuyos gustos musicales me han hecho lo que soy.
· A, amigo, compañero, y ahora también familia.
· T, por enseñarme que se puede envejecer y seguir siendo niño.
· J, que a pesar de no ser perfecto, me dio algunas pautas para ser una persona honrada.
· P, que fue como una canción de Led Zeppelin.
· T/P, por su bondad, su paciencia y su humor.
· LM, profesor, amigo, ejemplo de vida.
· J, que se merece el cielo y mucho más de lo bueno que era.
· A/P, reflexivo amigo.
· ED, se fue sin despedirse, amigo de ultramar, idealista. Te echo de menos.
· LL, no supimos amarnos a tiempo. Tu sonrisa iluminaba el día.
· L/K, que siempre está ahí, toda dicharachera.
· A, por ser como fue. Y por los donuts que me traía.
· L, por su manera sana y libre de ver la vida.
· Y a tantas mujeres que nos entregaron su carne en el celuloide y de alguna forma ya son inmortales. A todos y a muchos más que no cito por aquello del número os llevo en el corazón.

Suena: Coldworld - Winterreise.

12.2.09

Avidez de Eternidad

En el trasto este de moda está casi toda la discografía de The Cure online. Rebusco entre lo que escuchar y, en vez del álbum nuevo, vuelvo a Disintegration. Me gustaría poder permanecer con algo parecido a eso: una canción o un poema que la gente llevara dentro de sí como prueba de todo lo hermoso de este mundo. Como Prayers for Rain, o como es inicio arrebatador de Bécquer que dice Yo sé un himno gigante y extraño... Es increíble la capacidad del ser humano para cifrar en palabras, sonidos y colores algo que parece a la vez tan intransferible como el Amor, la Tristeza o simplemente la Belleza...

Suena: The Cure - The Same Deep Water As You

3.2.09

30.1.09

Hope Leaves

Madrugada, una botella de vino, una pantalla, una canción y la traicionera memoria, los traicioneros sentimientos que siempre van a parar al lugar equivocado.

There is a wound that's always bleeding
There is a road I'm always walking
And I know you'll never return to this place

Objetivos del año

Decíamos hace un año: · Dejar el tema académico . Centrarse en el cómic. Lo demás no tiene sentido. Publicar algo más de cómic. ¿Lo he c...